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Samuel Zygielbojm
Por Malgorzata Zglinska

“Me despido de todos y de todo lo que fue querido para mí y que he amado”

9 de mayo – Día de la Victoria, victoria que 6 millones de judíos, 3 millones de ellos ciudadanos polacos, no vivieron para ver.

En una lúgubre mañana de domingo, bajo una placa que conmemora a Samuel “Artur” Zygielbojm en la calle Porchester, se reunió un pequeño grupo – algunos sobrevivientes del Holocausto, amigos y numerosos miembros del Grupo Socialista Judío (una organización política que realiza una campaña por los derechos de los judíos y de todas las minorías oprimidas, en la idea de construir un futuro socialista.)

Las autoridades resistieron la idea de emplazar una placa conmemorativa por temor a ataques del Partido Nacional Británico, y les llevó 3 años su inauguración.

Entre los participantes se encuentran Chaim Nelsen, un maestro de idish y miembro del GSJ. Sostiene firmemente su guitarra, de la cual no se separa y con la cual puede hacer converger tanto la pena de su nación asesinada, como la furia de los luchadores judíos. A su lado está Majer Bogdanski, un radiante bundista de 92 años de Piotrkow, quien luchó en la Armada Polaca bajo el comando del General Anders y finalmente se estableció en el East End de Londres para reanudar su carrera sastre. Nunca abandonó sus ideales bundistas y su ´mameloshn´. Nos damos un cálido abrazo uno al otro.

Repentinamente un hombre alto y elegante se une a la reunión. Es Aleksander Kropiwnicki, un representante de la Embajada Polaca en Londres. David Rosenberg, el Presidente de GSJ lo saluda y lo presenta al resto del grupo. Yo corro al negocio más cercano con la esperanza de comprar un bouquet de flores rojas y blancas, pero de inmediato me doy cuenta que ofrecer flores no es una costumbre judía.

Es pleno medidía. Cruzamos la calle y entramos en la biblioteca local, donde año tras año ha tenido lugar la ceremonia. Nos sentamos en círculo. El primero en hablar es David Rosenberg. Cuenta la trágica vida de “Artur”, enfatizando que su suicidio no fue una protesta contra la Holocausto – ésta la hizo a diario- sino contra la indiferencia con la cual el mundo estaba permitiendo a los Nazis exterminar la indefensa nación.

En su breve discurso Aleksander Kropiwnicki habla de la reconciliación judeo-polaca y sobre su confianza en que la Unión Europea, a la cual Polonia acaba de unirse, protegerá el mundo contra una repetición del Holocausto. Concluye su discurso con las palabras del propio Zigyelbojm:

“Deseo que los sobrevivientes que queden de los millones de judíos polacos, junto con la población polaca, puedan vivir para ver la liberación de Polonia y disfrutar un mundo de libertad y justicia socialista. Creo que esa Polonia va a emerger y que ese mundo vendrá.

Szmul Zygielbojm”Otros oradores se refirieron a la heroica resistencia de los luchadores del Ghetto de Varsovia, y testigos describen las horrorosas escenas allí vistas. David expresa críticas a esos apologistas que proclaman que la magnitud de las atrocidades era desconocida para ellos, y elogia al Profesor Jan Karski por revelar la verdad sobre la Shoá. Destaca cómo los Aliados fallaron al tirar panfletos sobre Alemania que relataban las atrocidades y emitían fuertes advertencias a los alemanes, y que a nadie le importó demasiado la huelga de hambre del mismo Szmul Zygielbojm y con la cual urgía a los judíos británicos a seguir adelante.

Sigue un doloroso silencio. Regresamos a la calle Porchester para concluir la ceremonia y encendemos una vela. A continuación Esther Brunstein, una sobreviviente del Holocausto, de Lodz, lee la carta de Zygielbojm primero en inglés y luego en idisch. Cerramos el acto con una nota solemne – “El Himno de los Partisanos”, interpretado con profundo sentimiento por Chaim. “Zog nit keyn mol, az du geyst dem letsten veg” (“No digas nunca que esta senda es la final”).

En abril de 1943, cuando llegaron al Ghetto de Vilna noticias del Levantamiento del Ghetto de Varsovia, un joven poeta, Hirsh Glick, escribió este provocador himno. Era conocido en todos los campos de concentración y se ha convertido en el Himno universal de los Sobrevivientes del Holocausto. La gente mayor del grupo lo canta con tal fervor que por un momento fugaz todos nosotros sentimos como si fuéramos bundistas con un futuro victorioso aguardándonos.

Pero no hay tal futuro. Todo lo que queda es la memoria de un hombre que hizo todo lo que pudo para remover la conciencia del mundo y el homenaje que ahora le rendimos.

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