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Historias de polacos argentinos, a la sombra de la masacre de Katyn

Por: Andrés Bermúdez Liévano

Publicado en Revista Eñe del Diario Clarin 18 de agosto de 2009
Lea la nota completa en:

www.revistaenie.clarin.com/notas/2009/08/18/_-01980134.htm

Una pelicula, mil historias. Todavía en cartelera. Katyn, los crímenes de Stalin que no se pueden ocultar.

Afiche Katyn de WajdaEn Buenos Aires, 70 años después de una fecha clave y trágica para el pueblo polaco, Rafael Szczepañski encontró las llaves de su historia familiar. La puerta se abrió cuando vio la película Katyn (en cartelera hasta el jueves), dirigida por el polaco Andrzej Wajda, que narra el asesinato de 22 mil compatriotas a comienzos de 1940, a manos del servicio secreto soviético NKWD. Allí Rafael entendió que su padre, Edmundo, había cambiado su suerte cuando en 1939 saltó de un tren que lo llevaba a la muerte. A los 22 años se salvó de morir en Katyn, suerte que no compartieron familiares y amigos.

"Las situaciones que muestra la película tienen que ser las mismas que en un relato fragmentado recordaba papá", dijo Rafael. Es que hasta ahora, la historia de su padre era una suma de detalles borrosos. Un poco porque Edmundo prefería no hablar sobre la guerra y otro porque ya pasaron muchos años de su muerte, en Misiones, cuando Rafael terminaba la secundaria. Pero ahora, con 35 años, Rafael vio la película y se le aclaró el panorama. "Fue el disparador de una búsqueda que tengo hace mucho tiempo", reflexionó. Y en esa búsqueda aparecen cada vez más datos.

El dato crucial: Edmundo saltó del tren. A los 22 años viajaba detenido en un tren de carga, junto a un grupo numeroso de oficiales del ejército polaco. Les habían ordenado mantenerse unidos, pero en un arrebato premonitorio, su padre y un amigo se tiraron en una curva. Su padre le contó que se quedó inmóvil en la oscuridad, que intentó buscar a su amigo, pero que nunca más lo vio. Varias veces le dijo que, cuando regresó a Varsovia, encontró su casa reducida a escombros, y a su esposa e hija de un año desaparecidas. Rafael ahora ata cabos.

Y como Rafael, muchos argentinos de origen polaco tienen relación directa con la historia de Katyn, un símbolo del horror de la guerra. Por eso el filme del director Andrzej Wajda, cuyo padre fue uno de los oficiales ejecutados, se ha vuelto una fuente de datos y revelaciones. Andrés Chowanczak, otro hijo de inmigrantes, encontró en la película parte de su historia familiar. Su tío abuelo, Jerzy Bychowiec, teniente de reserva en la infantería, fue emboscado y tomado prisionero cuando quiso volver a Varsovia para organizar su defensa. Fue lo último que se supo de él. Chowanczak viajó a Polonia para armar el rompecabezas familiar. Allí conoció a su tío segundo, "que nunca pudo hacer el duelo". Y encontró luego el nombre de su tío abuelo en las listas de las víctimas identificadas. "Es una historia de nunca acabar", dice.

Aunque la historia no se acabe, cada vez son más las cosas que se saben de Katyn. Allí, en abril de 1940, unos meses después de la firma del Pacto Hitler-Stalin y la posterior ocupación del este de Polonia por parte de la URSS, se llevó a cabo la masacre. Allí mismo están las fosas comunes donde fueron enterrados los muertos. La Unión Soviética, roto ya su pacto secreto con Alemania, negó su responsabilidad y les echó la culpa a los nazis. Esa palabra fue ley. Durante 45 años Katyn fue tema prohibido en Polonia, hasta que en 1990 Gorbachov confirmó lo que todos sabían. Habían sido los rusos. Eso dice la película.

"Es una película de duelo, una elegía y no un filme político", dijo Wajda en el estreno, hace dos años en la Berlinale. Para Rafael, para Andrés y para la mayoría de los polacos, es eso y mucho más. Al verla, Rafael comprendió que ese tren del que había escapado su padre transportaba a los oficiales polacos a un campo de detención dentro de la Unión Soviética. Y que siete meses después serían ejecutados. Al verla Rafael encontró algunas de las pistas que sigue buscando para reconstruir la historia de su padre.

En eso está. Hace una semana encontró la primera foto de esa época, en la que aparece su padre de uniforme y sonriendo. Ahora tiene planes de viajar a Polonia y, por qué no, a Katyn. "Me gustaría encontrar la curva del tren, ese momento ínfimo", dijo.
La foto perdida
Ricardo Arendarz nunca pudo confirmar si sus familiares murieron en Katyn. Su tío materno, Adam Wronski, era capitán de reserva cuando fue capturado en 1939 por los soviéticos en la actual Lituania. Al principio se encontraba detenido, aunque no encerrado, y podía escribirle a su familia. En vista de ello, su esposa decidió reunirse con él allí. Pero cuando llegó, con su hijo de seis años, no lo encontró. El rastro de los tres se perdió para siempre. Desde entonces, Arendarz ha buscado información sobre ellos en vano. Hace un año encontró en la Biblioteca Polaca Ignacio Domeyko de Buenos Aires un informe con la foto de un hombre que se parecía a su tío Adam. Poco después regresó para examinarla de nuevo, pero el informe había desaparecido. "Tiene que ser él. Vestía uniforme y grado de capitán, y se parecía al recuerdo que conservo de él" dijo. Y comentó: "Deben haberlo llevado a Katyn porque desapareció de repente. No es una historia única: yo conocí a varias personas en Polonia y era igual".

Muestra
Una exposición sobre Katyn preparada por la embajada polaca se puede visitar en el Arteplex Belgrano (Av. Cabildo 2829), de lunes a domingo entre las 14 y 20.

 

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